Elegir un proveedor de software es una decisión que suele acompañar a la empresa durante muchos años.
Por eso, antes de analizar presupuestos o comparar tecnologías, conviene prestar atención a otro aspecto.
¿Cómo aborda el problema?
En las primeras reuniones debería interesarse más por entender la empresa que por presentar una solución.
¿Cómo trabajan hoy?
¿Qué dificultades tienen?
¿Qué esperan mejorar?
Un buen proveedor hace preguntas antes de proponer respuestas.
También debería ser capaz de explicar las distintas alternativas, con sus ventajas y desventajas.
No todos los proyectos requieren un desarrollo a medida.
No siempre conviene reemplazar el sistema existente.
Y no todas las ideas iniciales terminan siendo la mejor solución.
Desconfiar de quien responde "sí" a todo también puede ser una buena decisión.
En muchos proyectos, aportar valor significa cuestionar una idea, proponer un camino diferente o explicar por qué una alternativa puede generar mejores resultados.
Por último, conviene pensar en el largo plazo.
Un sistema evoluciona junto con la empresa. Por eso es importante contar con un proveedor que pueda acompañar ese crecimiento, comprender los cambios del negocio y seguir aportando criterio cuando aparezcan nuevas necesidades.
Más que elegir quién va a desarrollar un sistema, se trata de elegir con quién recorrer ese proceso.